De villanos y ¿monstruos?

March 25, 2015

Hace unas semanas vimos “Under The Skin”, una de las películas más marcianas y fascinantes que he visto en mi vida. Mientras buscaba imágenes para hablaros de ella (en el anterior post), tope con la historia de Adam Pearson, el actor que aparece con la cara deformada en la película. Me quedé bastante sorprendida porque todos creímos que era maquillaje y CGI, y resulta que no. Adam, que tiene 29 años, los mismos que yo, padece una condición de la piel llamada Neurofibromatosis.

 

Adam con Scarlett Johansson en “Under the Skin”

 

Nunca entenderé la carencia de empatía de algunos seres humanos; en el colegio le llamaban Quasimodo y Scarface. Y creo que en parte es culpa de los padres, que cuando en casa dices algo así no te corrigen y te dicen que está mal de un modo razonado, pero creo que también es alguna falta mental o social. Algo no anda bien, o al menos no bien del todo, en la cabeza de alguien que se plantea decirle algo tan cruel y doloroso a un persona con este tipo de condición, u otras. Algo no hace conexión bien dentro de ese cerebro si no sólo no eres capaz de ponerte en su lugar, sino de darte cuenta de que tus actos pueden producir dolor. Si lo sabes y además te da igual, lo tuyo ya es un caso clínico.

 

Dice Adam que le parece muy mal que en la cultura audiovisual, en películas, videojuegos, comics, etc, las personas con cicatrices o rostros deformes son caracterizados como villanos. En este aspecto no estoy de acuerdo con él, o al menos no siempre. Es cierto que muchos villanos tienen rostros marcados por pasados truculentos, pero esto es fruto de algo que está en el subconsciente colectivo; el monstruo. No se me malinterprete. La gente, sobre todo antiguamente cuando había más incultura, siempre ha tenido miedo a lo diferente, con lo cual es de cierto modo comprensible que cuando alguien quiere retratar un malo puro, alguien que nada más entrar en plano se ve claramente que es el malo, utilice los mecanismos más baratos y comunes para producir rechazo en el espectador. Y digo baratos porque generalmente, un malo tan puro suele ser un personaje bastante plano.

 

Pero suelen ser deformidades provocadas por factores externos, testigo de haber tenido una vida dura, que por un lado trata de justificar su paso al lado oscuro. Así Freddy Krueger quedó deformado por un incendio, Harvey Dent (Batman) por ácido o una explosión según la versión, y Mason Verger (Hannibal) se arrancó su propia cara por sugerencia (y bajo psicotrópicos) del doctor Lecter.

                                        El bipolar de Harvey Dent o Dos Caras

 

Generalmente los personajes que han tenido la mala suerte de haber nacido (o ser creados) con deformidades no suelen ser malvados, sino todo lo contrario. Ahí tenemos por ejemplo a Sloth (Goonies), Joseph Merrick (El Hombre Elefante) que además fue real, Quasimodo (El Jorobado de Notre Dame), Seth Brundle (La Mosca) o La Criatura (Frankenstein). En estos casos su mayor deseo es ser amados y aceptados por una sociedad que les juzga de monstruos y les teme.

La criaturica de Frankenstein suplicando amor, que por cierto, la novela no tiene absolutamente nada que ver con ninguna de las películas que se han hecho…

 

Lo que más me fascina es que se denomine monstruo a los personajes/personas con deformidades, y no a los que les insultan sin un gramo de empatía. El infierno son los otros.

 

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