LE PAGAS EL SUELDO A KATE MOSS

June 3, 2014

Ya he hablado en anteriores posts, sobre por qué el lujo es caro, por qué las cosas cuestan lo que cuestan en contraste con las cadenas de fast fashion, pero se me pasó otro detalle por alto que va incluído en el precio del artículo: le pagas el suelo a Kate Moss.

                          Jaaaa, payo, cómprame un booolso…

 

Las marcas de lujo se dejan auténticas millonadas en las campañas de sus productos; alquilar el palacete del conde de Villalpand’eau, contratar a Steven Meissel o a otro fotógrafo de la talla, una modelaza de primera línea, el desplazamiento y alojamiento de todo el equipo en el lugar… Todo ese dineral aumenta si además tenemos que sumar el vídeo de campaña, que lleva toda la producción de un rodaje profesional, que a lo mejor incluso te lo dirige Wes Anderson o Coppola, y lo protagoniza la Kidman o la Cotillard, subidas en algun mega decorado, con muchísima post producción digital, y a veces incluso con efectos especiales.

Montar todo este decorado en un palacio de exposiciones no es algo que el Kaiser, cual Karl “Herramientas” Taylor, pueda hacer solito en una tarde… .

 

Pensemos ahora en un desfile de alguna gran marca de lujo. Pensemos en los decorados,  en el equipo humano que tiene que montar y desmontar todo eso, en el alquiler del Petit o el Grand Palais, en todos los materiales utilizados, las sillas,  las invitaciones, todo el equipo que hay detrás, que se encarga de controlarlo todo, de ponerlo en marcha, de cuidar que todo funcione… pensemos en las modelos, pensemos en las top, de nuevo en Kate Moss, en la Bunchen, la Shyak, la Rocha, la Kerr… a estas no las pagas con cacahuetes y bocadillos de mortadela, que a lo mejor cada una se lleva lo mismo que todo el equipo de iluminación y sonido junto… Que esa es otra, la iluminación y el sonido; de lo que más cuesta. Y no sólo por el sueldo de los trabajadores, sino todo los equipos que hay que alquilar; altavoces, mesas de mezclas, focos, grupos electrógenos… Eso si te quedas en lo básico; música grabada y luz de pasarela, si te metes ya en efectos lumínicos, laseres, proyecciones y música en directo, el presupuesto se dispara.

 

Holograma de Kate Moss en desfile de Alexander McQueen.

Florence Welch no canta en directo en tu desfile como acto de caridad. No se lo convalidan como servicios a la comunidad.

 

Y todo este depliegue de medios, toda esta magia que hace que el concepto de la marca se te meta en el cerebelo y desees como un cerdo oliendo trufas el bolso que la Moss lleva enganchado del brazo en el poster de la parada del bus; hay que pagarlo. Por eso, cuando Carmen Lomana dice que el mundo de la moda no es algo frívolo, sino que es una industria con un montón de familias que comen de ella, lleva más razón que una santa. Que lo que hace la marca del bolso no está tan alejado de lo que hace el pan Bimbo con Messi, que lo hacen todas las grandes marcas, sean de lo que sean. ¿Que a lo mejor la Moss podría cobrar un poquito menos? Bueno, ese ya es otro tema que habría que analizar en otro post…

La mayoría de estas señoritas no se sienta en la primera fila de un desfile sin previo pago de su cuota.

 

 

 

 

 

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