Me duele el mundo

November 17, 2015

Esta semana, directamente no me apetece escribir, pero es cuando es más necesario.

 

Lo he dicho muchas veces, que nuestros problemas cotidianos son una estupidez comparados con lo que pasa en otras partes del mundo, que hay gente sufriendo guerras o enfermedades incurables horrorosas…
Ser consciente de esto en todo momento me hace ser una persona muy positiva, en tanto en cuanto agradezco constantemente mi situación y la suerte que tengo, porque poniendome en un posición relativa, veo que mis problemas no son tan problemáticos; pero a la vez me hace acarrear un tristeza perenne y latente, un subtexto de deseperanza.


Me sorprenden esos artículos en los que dicen que estoy cumpliendo o he cumplido mi sueño de ser diseñadora porque nadie me ha preguntado si ese es realmente mi sueño. Este es mi oficio, la manera en la que he decidido ganarme la vida y claro que quiero que me vaya bien, pero estoy trabajando para ello, estoy tratando de buscarme mi suerte, y si no sale bien, pues a otra cosa mariposa, que en esta vida hay que saber ser resuelto. Pero si un genio de la lámpara se me apareciese y me concediese sólo un deseo tendría que ver más con los problemas del mundo que con aspiraciones personales, porque realmente me duelen, y sé que afortunadamente, no estoy tan mal.

En alguna ocasión he comentado que si la empresa se covirtiese en un negocio millonario, me gustaría destinar parte de las ganancias a crear una fundación o donar a ONG’s, ayudar de alguna u otra manera en los problemas del mundo. Por esta forma de pensar me han llegado a llamar demagoga o a decir “tú preocúpate de lo tuyo que luego lo que haces por los otros ni agradecido ni pagado” O_O No pretendo que nadie me agradezca nada, ayudar para te den las gracias es ridículo; ayudas cuando algo te preocupa, porque quieres que se solucione o que mejore, no para sentirte un dios salvador, lo haces porque la situación te duele. Esa misma gente a la que no le importaban los problema en otros continentes hoy enarbola la bandera de Francia y escribe #PrayForParis. Sólo cuando los problemas nos vomitan en el felpudo de casa nos preocupan.

 

 
Nacer en el país que he nacido es una casualidad, azar, no lo he elegido. Sí que he elegido mis creencias, gracias a que mis padres me han enseñado siempre a discernir por mí misma, a pensar, a razonar, a tener mi propia opinión, en vez de imponerme la suya como verdad suprema.


LA HUMANIDAD DEBERÍA SER NUESTRA RAZA. EL AMOR NUESTRA RELIGIÓN.


Mis padres no son religiosos, pero cuando yo quise apuntarme a religión en el colegio, me apuntaron sin poner ningun problema ni tratar de convencerme de lo contrario. La otra opción era clase de estudio y nunca se hacía nada, así que tras consultar a mis compañeros de clase que iban a religión qué hacían en esa asignatura, decidí cambiarme. La verdad es que el profesor era una maravilla, un ejemplo de tolerancia y decencia humana. En ningun momento me trató diferente por no estar bautizada, y lejos de tratar de adoctrinar, era más bien una clase de ética, y respondía a todas las dudas que me asaltaban siempre de una manera reseñable. Recuerdo una ocasión en concreto que vino a decirme algo así como que si siempre tratabas de hacer bien, aunque no estuvieses bautizado o fueses a la iglesia, eso era seguir la palabra de Dios, y se te convalidaba. Fetén.


No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás el mismo respeto que se tiene por la propia.


Mahtma Ghandi


Pasé al instituto y apareció otra opción llamada “Religiones del Mundo” o algo así, en la que estudiamos sobre el Islam, el Judaísmo, el Hinduismo, el Budismo… y fue de lo más estimulante. Todas me parecieron interesantísimas, súper ricas, pero con muchos puntos en común. Al final me quedé con la de tratar de hacer el bien siempre, que parece que te convalida para todas. Porque hacer el bien, no matar, no robar, ayudar a los demás… eso está en prácticamente TODAS las religiones mayoritarias. Porque no es una cuestión de fe, sino de sentido común.


El sentido común es el menos común de los sentidos.


Horace Greele

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